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febrero 16, 2014

Himnos



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Tal como soy de pecador, 
sin otra fianza que tu amor, 
a tu llamado vengo a ti, 
Cordero de Dios, heme aquí. 

Tal como soy, buscando paz, 
en mi desgracia y mal tenaz, 
combate rudo siento en mí, 
Cordero de Dios, heme aquí. 

Tal como soy, con mi maldad, 
miseria, pena y ceguedad, 
pues hay remedio pleno en ti, 
Cordero de Dios, heme aquí. 

Tal como soy, me acogerás; 
perdón y alivio me darás, 
pues tu promesa ya creí, 
Cordero de Dios, heme aquí. 


Tal como soy, tu compasión 
quitado ha toda oposición; 
yo pertenezco todo a ti, 
Cordero de Dios, heme aquí 


Just as I am - without one plea,
But that Thy blood was shed for me,
And that Thou bidst me come to Thee,
-O Lamb of God, I come!

Just as I am - and waiting not
To rid my soul of one dark blot,
To Thee, whose blood can cleanse each spot,
-O Lamb of God, I come!

Just as I am - though toss'd about
With many a conflict, many a doubt,
Fightings and fears within, without,
-O Lamb of God, I come!

Just as I am - poor, wretched, blind;
Sight, riches, healing of the mind,
Yea, all I need, in Thee to find,
-O Lamb of God, I come!

Just as I am - Thou wilt receive,
Wilt welcome, pardon, cleanse, relieve;
Because Thy promise I believe,
-O Lamb of God, I come!

Just as I am - Thy love unknown
Has broken every barrier down;
Now to be Thine, yea, Thine alone,
-O Lamb of God, I come!

Just as I am - of that free love
The breadth, length, depth, and height to prove,
Here for a season, then above,
-O Lamb of God, I come!
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Historia de este himno
En 1836 que una joven mujer británica llamada Charlotte Elliot hacía los preparativos para asistir a un baile que se celebraba en su pueblo, Se llamaba Carlota Elliott, .
Salió muy entusiasmada su casa para encomendar a su costurera hacerle el traje de gala para esa ocasión especial.
En el camino la joven se encontró con un señor , amigo de la familia y hombre fiel y sincero. Carlota le saludó y le manifestó el propósito de ir a la fiesta. Con mucho empeño el caballero le habló de la vanidad de la vida y lo engañoso de los placeres de este mundo. Trató de razonar para que ella no fuera, sabiendo que el baile no le haría bien.
Carlota, muy enojada, le contestó, "Esto no es asunto suyo," y siguió. El baile se realizó. La dinámica Carlota fue una de las mujeres más alegres y elogiadas.
Pero, al acostarse, sintió decepción. No estaba cansada; se encontraba vacía. Una espina se hincaba en su mente. Su conciencia le perturbaba.
Ese señor siempre se había mostrado cariñoso, y la manera tan ruda en que ella le había tratado llenó su pecho de pesar. Ella no quería reconocerlo, pero estaba viendo que él tenía razón. El brillo de este mundo es engaño y vanidad.
Al cabo de tres días de reflexión dolorosa, Carlota Elliott visitó al amigo. Le dijo: "Por días he sido la joven más decepcionada; ahora anhelo encontrar la verdad que usted tiene. ¿Qué debo hacer?"
Por supuesto, el evangélico no perdió tiempo en perdonar la conducta tan contraria a la que la joven había aprendido. Con toda sencillez y cariño ese señor suizo le dirigió a la fuente de paz. "Simplemente entrégate, al Señor Jesús, el que murió por ti en la cruz."
"Tal como eres."
Esto le parecía extraño; ella nunca había entendido que la salvación fuera tan accesible.
"¿Tal como soy? Pero soy mala, indigna. ¿Cómo puede Dios aceptarme?"
"Esto es precisamente lo que tú has tenido que reconocer," fue la respuesta del evangélico. "Puedes venir a Cristo tal como eres."
Carlota se sintió abrumada al asimilar la verdad sencilla de esas palabras. Fue a su habitación, dobló sus rodillas, y ofreció a Dios su corazón indigno. Pidió el perdón de su pecado y puso fe en Jesús como su Salvador